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Du 12 au 13 septembre 2026 – Fiesta della lectura au Costa Rica

Lieu : Costa Rica

Valeria Varas participe à la manifestation Fiesta della lectura au Costa Rica.

Un article de Laura Vasquez sur la poésie de Valeria Varas à paraître au Costa Rica.

Sobre Serpiente de Exilio

Presentar Serpiente de exilio hoy no puede ser un gesto puramente literario. Para mí es un acto de memoria política, y en este momento, una advertencia histórica.

Para hablar sobre el nuevo libro de Valeria Varas, es imprescindible recorrer un poquito el contexto histórico que nos ataña, porque a la luz del día a día, el olvido suele imponerse; nos arrastra hacia la comodidad de nuestras rutinas y nos invita a refugiarnos en nuestras vidas y en nuestras letras (hermosas, sí; necesarias, también), pero sin la memoria, el futuro es incierto.

Serpiente de exilio, no les voy a mentir, es doloroso, pero al mismo tiempo es profundamente necesario.

Y les digo que es doloroso, porque leerlo implica volver sobre una de las heridas más profundas de América Latina. Si en algo somos expertos los latinoamericanos es en acumular heridas, lo hemos hecho por más de quinientos años. Pero esta, las dictaduras militares del siglo XX, es en particular sensible por su recencia, porque los cuerpos sobre los que cayó la represión, el miedo, la tortura, aún respiran, aún nos duelen, y todavía tienen voz para contar sus historias.

Este poemario de Valeria Varas nace de una experiencia concreta: la dictadura militar chilena instaurada tras el golpe de Estado del 11 de septiembre de 1973, cuando las fuerzas armadas, encabezadas por Augusto Pinochet, derrocaron al gobierno democráticamente electo de Salvador Allende. Aquel golpe no fue un hecho aislado, sino parte de una reorganización geopolítica continental, donde Estados Unidos intervino activamente en América Latina para frenar los proyectos socialistas, populares y reformistas que amenazaban sus intereses económicos y estratégicos.

Chile se convirtió entonces en uno de los laboratorios más violentos del autoritarismo neoliberal. La dictadura no solo persiguió militantes políticos: destruyó sindicatos, intervino universidades, silenció artistas, persiguió intelectuales, desapareció estudiantes, violó mujeres, exilió familias enteras y convirtió el cuerpo en un territorio de castigo.

Por eso, un libro como Serpiente de exilio, no se puede ver solo como una fotografía del pasado, se tiene que ver como una advertencia para nuestro presente, porque nos obliga a plantearnos el problema, a entender que el “nunca más”, esa consigna que decimos los heridos, no está cerrada, y más bien es una tarea inacabada que de vez en cuando aparece como un doloroso deja vú.

Tinieblas : el cuerpo como campo de batalla

La primera sección, Tinieblas, es la más brutal del libro y quizá la más necesaria. Aquí la poesía abandona cualquier tentación ornamental para convertirse en lenguaje de urgencia. No hay metáforas complacientes: hay allanamientos, tortura, miedo y vigilancia.

Desde el poema inicial, el lector entra en la atmósfera opresiva del Chile dictatorial:

Hace frío
afuera la policía y los perros
allanan las casas
se llevan a los amigos
estoy sola y tengo miedo”

La noche es el tiempo del terror. El día también lo es. La policía no representa orden sino invasión. Los perros son prolongaciones del aparato represivo que ahora representa El Estado. El miedo deja de ser una emoción para convertirse en una estructura de la nueva cotidianidad. La casa ya no protege: la casa puede ser tomada y de hecho, lo ha sido, la casa como metáfora de un todo que fue saqueado.

La dictadura reorganiza lo privado, y en esta nueva organización de control se abarca lo material en todas sus formas, la propiedad, el cuerpo, lo metafísico.

Uno de los núcleos más devastadores de esta sección es la representación de la tortura sexual como política de Estado, y el terror que eso desemboca. Durante años, este aspecto del cuerpo como instrumento de castigo sexual fue minimizado dentro de los relatos oficiales sobre la represión. Sin embargo, para los cuerpos femeninos, la violencia sexual siempre ha sido otra forma de imposición de poder y de castigo político. Por eso, el acto de nombrarlo sin adornos, es un acto revolucionario en sí mismo.

El siguiente fragmento describe exactamente eso, y es uno de los momentos más estremecedores del libro:

Dos ratas hambrientas
Pusieron sobre mis pechos
Con dos ratas me torturaron

Aquí no hay metáfora que embellezca el horror. El lenguaje es seco, reiterativo, crudo. La repetición reproduce el funcionamiento del trauma: la memoria vuelve obsesivamente sobre la misma escena porque no puede olvidarse. El cuerpo femenino aparece como territorio de humillación, de poder, pero también como archivo político, porque cada cicatriz conserva una verdad que el Estado quiso borrar.

Tinieblas no se detiene únicamente en el registro del sufrimiento, porque del cuerpo torturado nace también la rebeldía:

He parido un grito

que fue fecundado por la injustica,

la explotación, el odio:

hijo de muchos padres

al que llamaré insurrección

Este verso es fundamental. La violencia no logra aniquilar la capacidad de producir sentido. El grito nace del dolor, pero no le pertenece al verdugo. La poesía aparece como hija involuntaria del terror y al mismo tiempo, como su antagonista. Valeria convierte su voz y su palabra, en una forma de contraataque.

Y en ese contrataque nos encontramos sentimientos motores. Hay ternura en las manos de Corina que trenzan sueños, indistintamente de la cabeza de quien los carga. Hay tristeza, odio, miedo en medio del mar azul. Pero también una fuerza de resistencia (no resiliencia), que la levanta y la sostiene para soportar los horrores de los que es presa.

Rutas: exilio y despojo

Si Tinieblas representa el encierro, Rutas representa la expulsión.

La dictadura no solo encarceló, torturó y asesinó: también expulsó, obligando a miles de personas a un exilio, a ser extranjeros permanentes. Costa Rica, México, Europa, y muchos otros destinos se convirtieron en refugio y también en herida. El exilio no es solamente desplazamiento geográfico: es ruptura identitaria.

Valeria Varas escribe desde esa experiencia.

Serpiente somos
reptiles
que dejan atrás de sí cédulas
patrias
familias”

Aquí el exilio aparece como despojo administrativo, emocional y simbólico. No se pierde únicamente el territorio: se pierde el nombre, la legalidad, la lengua, la historia reconocible.

La poeta se nombra desde esa fractura :

Refugiada
inmigrante
indocumentada
apátrida
mi nombre es
Ofidia”

El yo lírico en Serpiente de exilio es una voz profundamente política, corporal y colectiva. Frente al lenguaje burocrático que reduce a las personas a categorías legales, la autora reapropia esas palabras y las convierte en identidad poética. El yo lírico adopta la figura de la serpiente como símbolo de transformación y supervivencia. La serpiente muda de piel, deja rastros, se adapta al territorio hostil. Así también la voz poética: cambia de país, de lengua, de identidad, pero sigue avanzando.

Por eso exige :

Pido un nombre
limpio de excremento”

Este verso resuena con enorme fuerza en la América Latina de ahora. La America Latina que vuelve a ser presa del águila. La América Latina donde la migración vuelve a ser criminalizada y donde resurgen discursos xenófobos que convierten al extranjero en amenaza. Este poemario dialoga con el presente, con los desplazados venezolanos, con los migrantes centroamericanos, con las fronteras militarizadas, con la nostalgia autoritaria que promete orden a cambio de exclusión. Con esos aviones que descargan, como material obsoleto, a 25 migrantes por semana en este país.

Pero también aquí aparece una posibilidad de reconstrucción. El amor se transforma en nueva geografía:

En tu cuerpo encuentro
un territorio de besos y ternura”

La ternura reaparece de nuevo, frente al Estado que expulsa, el cuerpo amado acoge, y entonces esa Patria como símbolo deja de ser bandera para convertirse en refugio íntimo, el cual no se habita, sino que habita dentro del cuerpo de quien la invoca.

La exiliada,
la sin patria,
la desheredada…”

También es capaz de encontrar un territorio que la abrace y de él, hace suya su historia.

Transmutaciones : erotismo y restitución

La tercera parte del libro es quizá la más radical, porque allí ocurre algo que el terror, que los mecanismos del miedo se han empeñado en destruir, pero que no han logrado, y es el poder de sanación. El cuerpo, que alguna vez se poseyó como instrumento del dolor, vuelve a tener la capacidad de disfrute y gozo. Después de la tortura, después del exilio, después del despojo, el deseo regresa. Y eso es resistencia pura.

En sociedades donde el cuerpo femenino ha sido disciplinado por la violencia patriarcal y estatal, para trabajar en función de super estructuras que te privan del placer, del erotismo y de la autonomía, el escribir y describir el deseo, es un acto de recuperación soberana y de reapropiación sobre los cuerpos.

Cuando me petentras,

con la punta de mis pies

me parece tocar

y arrancar de un golpe el firmamento

El cuerpo se vuelve tierra, mineral, barro, mar, selva. El erotismo no aparece como evasión del trauma sino como restitución del territorio perdido. Amar significa volver a habitar el cuerpo.

Cada caricia contradice la lógica de la tortura. Cada encuentro íntimo desafía el proyecto totalitario que quiso destruir no solo la vida sino también la posibilidad del placer y de amar.

En esta tercera parte, después del caos y el destierro, el amor no niega la violencia: la atraviesa y la sobrevive. La escritura aparece como una prueba de supervivencia. Si la dictadura hubiera triunfado por completo, este libro no existiría.

Por eso la poeta escribe:

No habría podido decirles
que los amo
con la voz suave
de mi pluma”

Y esas son las palabras se evidencia que el terror fracasó. Ni el dolor de sufrir el terror en medio del azul del mar la hizo odiar indefinidamente al mar, termina reconciliándose con él en el caribe. Ni la violencia sufrida sobre su cuerpo, la hizo perder autonomía sobre su cuerpo.

En el artículo, “La poesía de la disidencia en la dictadura chilena: Raúl Zurita y Carmen Berenguer”1, su autora, Eva Castañeda Barrera 1, habla sobre cómo, durante el régimen pinochetista, la poesía se convirtió en un espacio de resistencia frente a una maquinaria cuya constante era la censura y la represión. En este contexto, la escritura poética no solo funcionó como expresión estética, sino como un acto político que desafiaba el silenciamiento impuesto.

Esta función de la poesía, la de resistir ante las voces que capitalizan y ejercen el poder, ha sido históricamente indispensable y continúa siéndolo en la actualidad. La multiplicidad de formas en que los artistas transforman el dolor en lenguaje y en denuncia debe mantenerse viva, pues ahí radica su potencia crítica.

Para quienes escribimos, para quienes hacemos poesía, esto implica una responsabilidad: no podemos limitarnos a la contemplación de la belleza del mundo. También debemos explorar, desde el lenguaje, las posibilidades de cuestionarlo y transformarlo, de manera que con nuestra poesía, no solo nombremos la realidad, sino que intervengamos en ella.

Y por eso el cierre no puede ser otro que una exigencia ética:

¡Justicia!
Para que nunca más

y de mi sexo.”

© Laura Vasquez

1 Castañeda Barrera, E. (2019). La poesía de la disidencia en la dictadura chilena: Raúl Zurita y Carmen Berenguer. Cuadernos Inter.c.a.mbio sobre Centroamérica y el Caribe, 16(1). https://doi.org/10.15517/c.a..v16i1.36460